lunes, 28 de marzo de 2016

¿Quién era el Xuanón de Cabañaquinta?

La historia del allerano Juan Díaz Faes, que se ganó una merecida fama por su gran fuerza y como cazador de osos, se dice que noventa y dos, alguno de ellos lo mató a cuchillo
Juan Días Faes, "Xuanón" de Cabañaquinta, fue uno de los personajes más conocidos en la Asturias de su época, ganó la fama por su fortaleza y como matador de osos. Dicen que noventa y dos, incluso alguno a cuchillo. Su nombre inspiró tertulias, poemas y hasta una novela corta que se publicó en El Imparcial. Anselmo Hulton dejó escrito, en 1931, en la revista Norte como llegó a ver en un alto de la ciudad de Matanzas una capilla levantada por los emigrantes catalanes en honor a la virgen de Monserrat, donde al lado de la imagen de la Moreneta, los asturianos -menos dados a lo religioso- habían colocado un retrato de Xuanón.
En ese artículo -seguramente el mejor que se ha hecho nunca sobre el gigante allerano (1,98 metros), se incluyen varias fotografías interesantes: esa tan conocida en la que aparece de calzón corto, escopeta en ristre y tocado, no con montera, sino con el sombrero blanco de ala ancha, que solía llevar para resaltar aún más su altura. También aquella en la que aparece luchando cuerpo a cuerpo con don Alejandro Pidal; retratos de algunos de sus descendientes vivos en aquel momento -su nieto el doctor don José Emilio Fidalgo y sus bisnietos Luis y Elena- y, cerrando, una magnífica vista general de la Cabañaquinta de principios del siglo XX.
Pero lo mejor son algunas anécdotas originales que Hulton recogió de don José Emilio, quien entonces ejercía la medicina en el concejo de Aller, que vienen a completar lo que ya sabemos sobre el gran cazador de osos y acompañante de los notables de su tiempo en sus excursiones por nuestras montañas, ofreciéndonos algún dato nuevo para acercarnos a su personalidad.
A mí siempre me ha llamado la atención que nadie haya puesto en duda las simpatías de Xuanón por el carlismo, seguramente porque en otra época interesaba que así fuese. Sin embargo, es conocida su cercanía a la reina Isabel II, a la que llegó a tratar con una confianza que dio origen a esas historias que se popularizaron, no solo en las conversaciones de chigre, sino también en las revistas de la Villa y Corte.
Ya saben, aquella vez que exclamó al cogerla en sus brazos para ayudarla a pasar un regato: "Majestad, usted ye como el tordo, picu finu y culo gordo". O la otra, cuando viendo que la oronda y regia dama no atinaba a colocar su pie en el estribo para subir a caballo, le preguntó: "¿Quier que la monte, señora?", a lo que ella respondió pícaramente: "No. Gracias, Juan", contradiciendo de esta forma a aquellos que seguimos pensando que este episodio es falso porque doña Isabel a lo largo de su vida nunca despreció una propuesta de este tipo.
Podemos dar por bueno que Xuanón se olvidase de sus preferencias cuando se hallaba en presencia de la rama de Borbón que ostentaba la corona y -a la inversa- que tanto doña Isabel como sus descendientes no conociesen u obviasen esta circunstancia, hasta el punto de que en una cacería organizada por el marqués de Camposagrado, el rey Alfonso XII le regaló al gran Juan una escopeta mostrando así la misma confianza que había tenido su madre; pero vemos más difícil que lo pasase por alto el general Prim, hombre cabal donde los hubo y para quien estas cosas sí eran importantes y al que sirvió de guía por las montañas asturianas cuando también descansó una temporada en la residencia que los Bernaldo de Quirós tenían en el palacio de Villa.
Don José Emilio Fidalgo le relató a Hulton como en una ocasión, en Madrid, Prim tenía delante de su pelotón de fusilamiento a un mozo asturiano que esperaba la descarga con aplomo y serenidad, sin abrir la boca para pedir clemencia, y que sorprendido por esta entereza le preguntó de dónde era-
-De Cabañaquinta.
-¿Y no conoces allí a Xuanón, el cazador de osos?
-Soy hijo de él.
-Que le den la absoluta.
A primera vista, la escena no tiene pinta de ser cierta, salvo por un detalle en el que ustedes ya habrán caído y que nos despeja todas las dudas. Si el mozo asturiano era hijo de Xuanón, a la fuerza tenía que ser o el mismo padre o un tío carnal del médico allerano que se la contó a Anselmo Hulton, lo que es la mejor garantía de su veracidad.
Aprovecho para explicarles que la muerte de Prim se debió indirectamente a un plantígrado, ya que, como saben, el general sufrió un atentado en la noche del 27 de diciembre de 1870 y falleció tres días después, pero no a causa de las balas sino de la infección que le produjo la piel de oso de su abrigo al introducirse en las heridas de los disparos.
A los poderosos les gustaba exhibir a Xuanón como muestra de su propio poder y, siguiendo una costumbre que se pierde en los siglos, lo pasearon por el país presumiendo de su fuerza frente a los colosos de otras regiones, lo que él aceptaba encantado porque también le agradaba ser conocido y causar la admiración de la ciudadanía.
En una de estas ocasiones, el marqués de Pidal -y citar este nombre es recordar todas las perversiones del caciquismo- lo llevó hasta la capital de España para enfrentarlo a otro gigante andaluz traído por el ministro Francisco Romero Robledo. Los dos políticos fiaban en los hombres de sus respectivas tierras porque en su victoria se reflejaban ellos y evitaban lo que unos años atrás podría haber terminado en duelo, ya que se trataba de borrar una afrenta acaecida días antes a las mismas puertas del Congreso.
Hasta allí había llegado Pidal cubierto de la lluvia por un paraguas y justificándose ante el andaluz:
-Qué quiere usted, con este orbayu no se puede salir de casa.
-En mi tierra se llama calabobos.
-Sí, hombre sí, pero como en Asturias no hay bobos, se llama orbayu.
Los dos elegidos debían zanjar la afrenta tirando la barra en una de las avenidas del Retiro y fue Xuanón el que la lanzó más lejos, ganando de corrido. Con tanta ventaja que el marqués de Pidal no dudó en volver a llamarlo, esta vez para apostar fuerte con un capitalista aragonés que también contaba con un coloso maño.
La victoria fue otra vez para Xuanón, quien acabó a hombros por las calles de Zaragoza, aunque en esta ocasión la moneda de la fortuna también tuvo su cruz. La tarde aragonesa, Xuanón lanzó la barra sin calentamiento previo y puso tantas ganas que acabó herniado. Una dolencia que supuso el final de sus exhibiciones y lo acompañó toda su vida.
Uno no puede evitar ver cierta semejanza con el personaje de Paco "el bajo" en la novela de Miguel Delibes, "Los santos inocentes", un hombre nacido con la bondad que da el campo y una habilidad extraordinaria para oler la caza, al que su "señorito" muestra como un espectáculo para presumir delante de los de su clase.
Seguramente Xuanón también desempeñó un papel parecido para el marqués de Pidal, aunque en su caso esta fidelidad sí tuvo recompensa ya que fue nombrado Juez de Paz por la Junta de Gobierno de la Audiencia Territorial del Principado de Asturias y más tarde alcalde del Concejo de Aller, lo que -volviendo a sus ideas políticas- tampoco parece viable si en su pasado se hubiese señalado como simpatizante de las partidas que durante décadas sobresaltaron a los habitantes de nuestras cuencas.
El mítico cazador llegó a viejo y siempre gozó del respeto de los vecinos. El martes 1 de enero de 1895 el órgano del Partido Liberal Dinástico La Nueva Era dio cuenta de su fallecimiento con una necrológica que aún hoy es el mejor resumen de una vida: "Ha muerto en Asturias uno de los hombres más populares en aquella provincia, Juan Díaz Faes, conocido con el mote de "Xuanón de Cabañaquinta". Era un titán de fuerzas incalculables que en muchas ocasiones había luchado a brazo partido con los osos y los había vencido. Sus hazañas como cazador eran numerosas y extraordinarias. Sus puños imponían más miedo que un fusil. En una ocasión a un inglés boxeador le medio mató de un puñetazo. La Reina madre doña María Cristina, los duques de Montpensier, el de Riánsares y su sucesor el de Tarancón, el marqués de Pidal y su hermano D. Alejandro, los generales O'Donnell, Prim, Serrano, Ros de Olano, Elorza, Milans, Escalante y otros, trataron con familiaridad a Xuanón.

Era de un valor a toda prueba, y sus hazañas fueron relatadas por la prensa de España y América y hasta por la de Francia, pues el hijo del desgraciado presidente de la República, Mr. Carnot, que estuvo en Aller en 1890 y conoció al célebre cazador de osos, refirió en París la historia de Xuanón llena "de lances peligrosos y de singular audacia. Con él puede decirse que se acaba en Asturias la raza de los legendarios cazadores de osos".
Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España 

La historia del banquero allerano Eloy Vallina en México

La historia del banquero Eloy Santiago Vallina García, nacido en Caborana y asesinado en México en 1960 por un militar por un asunto personal.

El miércoles 18 de mayo de 1960, el diario "ABC" publicó una pequeña reseña internacional que había recibido de la agencia "Efe". Apenas cinco líneas: "Banquero mejicano asesinado. Chihuahua (Méjico) 17. El destacado banquero e industrial Eloy S. Vallina ha resultado muerto a consecuencia de los disparos hechos contra él cuando entraba en el banco de que era presidente. El atacante ha sido identificado como el comandante David Corona, al que se ocupó un revólver del calibre 45. Se desconoce hasta ahora el móvil del crimen".

Nada más. Y la noticia tampoco se amplió en los días que siguieron a pesar del enorme poder económico que tenía el asesinado, aunque tampoco andaríamos errados si pensásemos que fue precisamente esta circunstancia el motivo de que no se ampliase.

El corajudo Eloy Santiago Vallina García aún tuvo arrestos para sujetar a su agresor antes de caer asesinado por las balas de un revólver 45; una escena dramática que tuvo como escenario el símbolo de sus negocios: la entrada del Banco Comercial Mexicano, emplazado entonces en la céntrica esquina donde se juntan la avenida Independencia y la calle Victoria en la ciudad de Chihuahua.
Al contrario de lo que podía esperarse, el suceso no estuvo provocado por ningún deudor ni guardaba relación con el mundo del dinero; lo motivó un tema personal con faldas de por medio. El autor del crimen fue el comandante de policía David Corona Arizpe indignado por la relación que el financiero mantenía con su joven hija Graciela, a pesar de que Eloy llevaba más de 30 años casado con otra mujer que le había dado 9 hijos.

Tengo muchos motivos para no contarles aquí los pormenores de este crimen, pero el principal es que quiero dedicar esta historia a la cara de la moneda de un personaje que fue considerado por todos quienes lo conocieron como una buena persona; que a pesar de su puesto y de su condición tenía buen trato, era sencillo y se preocupaba por las necesidades de sus vecinos como lo prueba la fundación del Instituto femenino de Chihuahua.

De cualquier forma, si ustedes quieren informarse por su cuenta, deben saber que todos los detalles se encuentran en una publicación de la que es autor el abogado mexicano Eduardo Ceniceros Ríos con un título que explica muchas cosas, sobre todo en sus última parte: "Comentarios sobre dos juicios; proceso instruido a David Corona Arizpe por el homicidio de Eloy S. Vallina y juicio de nulidad de matrimonio que Eloy Vallina Lagüera promovió en contra de Graciela Corona de Vallina".

Y ahora toca decir que Eloy Vallina fue un perfecto ejemplo de indiano del siglo XX y paradigma del milagro económico que se produjo en México después de su sangrienta revolución y que había nacido en Caborana el 25 de julio de 1903. Por eso les cuento hoy esta historia, aunque el pequeño apenas pudo respirar los aires alleranos, puesto que su padre, incapaz de mantener a la familia con lo que ganaba en el Coto de Comillas había decidido emigrar a México, para buscar allí el mismo trabajo que había tenido en Asturias.

Cuando el hombre logró establecerse en las minas de Piedras Negras, la zona más productora de carbón del país, no tardó en reclamar a los suyos y hasta allí viajaron sin billete de vuelta su mujer y sus cuatro hijos: Rafael, Jesús, Marcelina y Eloy, el más pequeño, que apenas había cumplido los dos años.

México era entonces un polvorín. Francisco Madero había derrocado por las armas al eterno presidente Porfirio Díaz para mantenerse en el poder desde 1911 a 1913, hasta que otro movimiento contrarrevolucionario colocó a Victoriano Huerta en su lugar, con el disgusto de los jefes más radicales, entre ellos el famosísimo Pancho Villa. Si les digo que Piedras Negras está emplazada justo en la frontera con el estado de Texas, pueden comprender que la familia Vallina, cansada de tanto tiro, acabó cruzándola en 1914 para establecerse primero en San Antonio y poco después en Dawson, una localidad industrial del condado de Colfax en Nuevo México.
Allí encontró Eloy Santiago Vallina su primer trabajo, empezando igual que otros grandes capitalistas desde abajo, como vendedor de periódicos, aunque su inquietud lo llevó a viajar otra vez, en esta ocasión hasta El Paso donde pudo compaginar sus estudios en el Draughon's Practical Bussines College con un curso a distancia sobre temas bancarios que impartía la Universidad La Salle de Chicago.

Con esta formación, lo vemos recorriendo Estados Unidos a partir de 1920, empleado en el First National Bank, el Federal Reserve Bank y el Ibernia National Bank de Nueva Orleans e incluso, por un motivo que desconocemos, trabajando en Cuba, en un ingenio azucarero de Camagüey.
Entretanto, su hermano mayor Rafael, quien se había casado con la hija de Tomás Fernández Blanco, un rico santanderino que iba a fundar en 1925 el Banco Mercantil de Chihuahua, reclamó a su lado a los otros dos varones de la familia, Jesús y Eloy, lo que les abrió las puertas para conocer a la burguesía y a los grupos capitalistas de la región. Eloy Santiago Vallina supo aprovechar esta oportunidad y en 1928 también contrajo matrimonio con María Lagüera Zambrano, una joven de buena posición, con quien ya dijimos más arriba que tuvo nueve hijos.

Pero un acontecimiento global vino a sumarse en 1929 a la desastrosa situación política mexicana. La Gran Recesión iniciada en Estados Unidos se agravó aquí por la "Ley Calles" que entre otras medidas suprimía la circulación de las monedas de oro limitando la circulación únicamente a la plata, que además bajó su precio. No quiero enfangarles con datos económicos, pero la crisis se prolongó hasta 1932 y en este periodo el PIB absoluto del país perdió un 20,55%.

Finalmente, en 1933 gracias, a los acuerdos de la Conferencia Económica de Londres la plata volvió a recuperarse, lo que permitió a un grupo de empresarios encabezados por Eloy Vallina abrir el 30 de abril de 1934 el Banco Comercial Mexicano, con sede en Chihuahua. Él fue su consejero y gerente general sin sospechar que la muerte iba a elegir precisamente este lugar para llevárselo.
El Banco Comercial Mexicano creció rápidamente fusionándose con otras entidades más pequeñas y abriendo oficinas por todo México hasta convertirse en uno de los cinco más grandes del país y con la ayuda de dos de los linajes más fuertes del país -los Terrazas y los Almeida- lograron crear el Grupo Comermex, que llegó a emplear a 24.000 personas.

Los negocios de Eloy Santiago Vallina se extendieron a las cementeras, las papeleras, avena, ferrocarriles, maderas, celulosa, aceros y, en 1956, el Grupo Chihuahua adquirió las empresas telefónicas Ericsson e ITT y se hizo con el sistema telefónico nacional para acabar configurando la gran compañía Teléfonos de México (Telmex).


La viuda de Eloy, María Lagüera falleció el 31 de enero de 1991. Entonces ya llevaba las riendas de este complejo entramado el primer hijo varón del matrimonio, del mismo nombre que su padre, quien diversificó sus inversiones en el sur de Estados Unidos comerciando con maquiladoras. Es uno de los hombres más ricos de México y también uno de sus empresarios más controvertidos, pero Caborana a él ya le queda muy lejos? salvo que a alguien se le ocurra recordarle dónde está el pueblo de sus antepasados.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España 

La historia de las casas baratas en Mieres

Hace ya casi diez años, ¡cómo pasa el tiempo!, escribiendo en este diario sobre un tema histórico que ya no recuerdo cité de pasada las Casas Baratas de Mieres y a los pocos días me llevé una sorpresa cuando uno de los vecinos que las habitaban me amonestó en la calle por haber empleado esa denominación, ya que según él esas viviendas hace tiempo que dejaron de ser baratas y llamarlas así hace que quien no las conozca se las imagine viejas, mal construidas e insanas.

Y lo malo es que puede que aquel hombre estuviese en lo cierto porque ya son muy pocos los que recuerdan el origen de esos edificios, que por otro lado son construcciones que han resistido perfectamente el paso del tiempo y por la calidad de sus materiales no tienen nada que envidiar a los pisos modernos, sin hablar de que su autor fue Teodoro de Anasagasti, uno de los mejores arquitectos españoles, y sólo por eso ya merecen ser tenidas en cuenta. Hoy voy a contarles cuándo y por qué se hicieron.

Se da el nombre de Casas Baratas a ciertos edificios construidos en el primer tercio del siglo XX gracias a ayudas oficiales o préstamos de bajo interés para albergar a la población trabajadora que se multiplicaba en España con el proceso de revolución industrial, aunque a veces también se dirigieron a la clase media-baja que sufría en aquella época el mismo problema de alojamiento. Casi siempre dependían de los propios ayuntamientos u otras instituciones como los partidos y sindicatos y podían ser de alquiler o adquirirse en propiedad, gestionándose en algunos casos en régimen cooperativo.
La historia de la vivienda obrera ya había empezado en nuestro país a mediados del siglo XIX con la primera ley de Arrendamientos, pero también en Gran Bretaña, Francia y gran parte de Europa existía la misma preocupación y aunque se habían dictado algunas normativas y reglamentos a este respecto carecían todavía de una legislación específica; pero fue a partir del 12 de junio de 1911 cuando el proyecto se extendió por toda España con la publicación de otra ley, la primera de Casas Baratas.
Como todos saben, nuestras Cuencas fueron durante décadas un destino elegido por muchas familias de otras regiones que quisieron cambiar de vida, cansadas de depender de los caprichos del cielo y de la lluvia para poder recoger una mísera cosecha que en el mejor de los casos apenas daba para subsistir y que acudieron hasta aquí en busca de un trabajo y un salario seguros.
Llegaron a millares, atraídos por las posibilidades que ofrecían las minas y entonces en las aldeas más próximas a los pozos se habitaron hasta los hórreos y las cuadras; no era raro que los trabajadores solteros pagasen a medias el alquiler de la misma cama para compartirla por turnos, con los consiguientes problemas de higiene y de enfermedades que se iban multiplicando y a pesar de que también se construía por todas partes, la demanda siempre era mucho mayor que la oferta.
Esta situación en vez de mejorar empeoró en 1920, cuando el final de la Primera Guerra Mundial supuso un parón en la construcción y las rentas se dispararon. Hubo algunas iniciativas empresariales como la de Hulleras de Turón, que empezó a levantar en el mismo año 68 viviendas en el barrio de San Francisco y luego otras 144 en Figaredo, pero todo era poco y por ello Manuel Llaneza, entonces alcalde de Mieres, siguiendo lo dispuesto en el XI Congreso del PSOE celebrado en Madrid dos años antes y donde ya se había tratado la conveniencia de disponer de hogares asequibles para los obreros decidió abordar de una vez el problema.

Para ello convocó a los patronos mineros, a los comerciantes y a los particulares más adinerados de la villa y los convenció de los beneficios que iba a traer para todos la constitución de una asociación cooperativa destinada a cubrir estas carencias, y, por fin, en noviembre se logró formar una gestora, que no tuvo un apoyo unánime ya que algunos concejales creían prioritario emplear el presupuesto municipal en acometer otras obras de saneamiento en la villa en vez de destinarlo a subsanar este problema.

La vieja ley de Casas Baratas de 1911 autorizaba a los ayuntamientos a ceder parcelas para esta finalidad y ofrecía subvenciones estatales que no se podían dejar escapar, pero también ponía condiciones para su aplicación. Una de ellas obligaba a que el suelo se valorase por debajo de las 25 pesetas/metro cuadrado, y en Mieres había varias zonas que cumplían ese requisito, de forma que los primeros pasos se dieron rápido y no tardaron en aprobarse los estatutos de dos sociedades interesadas en el mismo fin: la Constructora de Casas para Obreros, Sociedad Cooperativa y otra más específica, la Cooperativa de Casas Baratas para Empleados y Obreros Municipales. Mientras, en paralelo, la Edificadora del Sindicato Minero. Sección de Mieres dispuso también de una docena de viviendas para sus afiliados.

Pero las dificultades llegaron a la hora de las expropiaciones cuando se vio que no era tan fácil determinar la propiedad de muchos terrenos y los expedientes empezaron a paralizarse en los despachos. Por fin, el empujón definitivo partió de la iniciativa de la Fábrica de Mieres, que en abril de 1921 decidió promover un proyecto para la creación de 68 viviendas en una de las zonas más céntricas de la villa, a pocos metros del lugar donde poco después se iba a inaugurar el Liceo mierense, uno de los mejores centros escolares en la Asturias de aquella época.

El solar elegido estaba emplazado en la esquina de las calles Vital Aza y Marqués de Villaviciosa, que hoy se denominan, respectivamente, Leopoldo Alas Clarín y Martínez de Vega, y el proyecto se encargó al prestigioso arquitecto vasco Teodoro de Anasagasti, autor entre otras obras de varios cines madrileños o de la elaboración del diseño del ensanche para Oviedo en 1924.

Anasagasti está considerado como uno de los introductores de la arquitectura vanguardista española y ya gozaba de mucho prestigio cuando aceptó firmar el proyecto para levantar estas viviendas obreras que en un principio no parecían ofrecer nada nuevo para su currículum, sin embargo logró plantear una obra que todavía llama nuestra atención por la forma en que supo conjugar la resolución de los problemas de higiene y comodidad en unos edificios con una estética más que aceptable a pesar de la carestía de materiales que se vivía en aquel momento y del presupuesto de 627.000 pesetas con el que partió la obra.

Las viviendas se levantaron en dos fases: primero se hicieron 20 sobre una superficie de 600 metros cuadrados y poco más tarde otras 48 sobre 1.980 metros cuadrados. Cada una constaba de comedor, dos dormitorios, cocina, despensa y retrete propio, mientras que para la higiene personal se disponía de dos baños colectivos que las familias podían usar por turnos tres días de cada mes. También en el patio interior se colocó un lavadero para que los vecinos no tuviesen que desplazarse a hacer la colada hasta los que ya existían en otras zonas de la población.
Normalmente las Casas Baratas de otras zonas se situaban en los alrededores de las ciudades, donde el suelo costaba menos y los trabajos de infraestructura eran más sencillos, también los teóricos de la higiene lo recomendaban de esa forma porque allí la vida era más sana y según la misma filosofía las casas debían ser de una o dos plantas para evitar el hacinamiento.

Así, lo más original de las de Mieres está tanto en su situación como en su altura de 4 pisos, que cuadra con lo que la iniciativa privada estaba haciendo en otras calles de la población e incluso supera la media de aquel momento. Precisamente en 1921 se aprobó una segunda ley de Casas Baratas destinada también a inquilinos o propietarios de ingresos reducidos que en su artículo 60 limitaba la altura de los edificios protegidos a la planta baja, o natural, y un primer piso, aunque también posibilitaba la construcción de casas colectivas con varios cuartos para ser alquilados a diferentes familias o destinadas a proporcionar albergue a trabajadores de tránsito que en este caso sí podían levantar cualquier altura.


En los años que siguieron, durante la dictadura de Primo de Rivera se consolidó está política de vivienda obrera, pero al final de la década de los veinte todos los proyectos previstos se fueron enfriando hasta que la II República suspendió la tramitación de expedientes de ayuda a las Casas Baratas; sólo se mantuvieron los proyectos de iniciativas privadas que se basaban en el modelo estatal, especialmente en Cataluña y en el País Vasco, de manera que en Mieres este problema siguió afectando a muchas familias, aunque no a los afortunados que pudieron habitar las casas de Anasagasti.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España 

La historia de la escultura de La Carbonera de Sama de Langreo

El monumento a Luis Adaro del parque Dorado de Sama, que ha acabado siendo conocido por la mujer trabajadora, que era una figura secundaria.

El domingo 12 de octubre de 1947, cuando aún se celebraba la fiesta de la Raza, se casó en la catedral de Sevilla María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva -hasta el momento la última duquesa de Alba- con Luis Martínez de Irujo. Ya supondrán que la noticia abrió la sección de Ecos de Sociedad del diario ABC. En la misma columna, a renglón seguido, se recogían los otros dos enlaces de postín que se habían celebrado el día anterior en España: en la Iglesia de la Concepción de Madrid se habían unido Mercedes Cotelo Leal con Luis Coullaut Mendigutia y en la de San Julián de Somió, en Gijón, Carminín Adaro y Ruiz-Falcó con Rafael Aparicio Pesqueira.

Una de esas casualidades del destino hizo que estas dos familias festejasen el mismo día el matrimonio de sus vástagos. Y si ustedes se preguntan dónde está la curiosidad, les diré que la madre del novio de la primera boda era la viuda de Lorenzo Coullaut Valera, el autor del monumento que se inauguró en 1918 en el Parque Dorado de Sama de Langreo en honor a Luis Adaro y Magro, quien a su vez era el abuelo de la novia de la segunda boda.

Luis Adaro falleció en 1915, sin llegar a ver su busto de mármol colocado para siempre en el corazón de la cuenca minera, pero ocho antes de su fallecimiento ya había dejado las riendas de su empresa a su hijo, Luis Adaro Porcel, otro brillante ingeniero formado en Suiza y Alemania, que aquel día de 1947 casó a su hija en una ceremonia a la que asistió lo más nutrido de la burguesía asturiana.

Les acabo de contar que el tiempo quiso juntar en el mismo párrafo de un periódico por última vez a los dos personajes que ya estaban unidos para la historia en la escultura del Parque Dorado bautizada por el pueblo como "La Carbonera". Ahora quiero narrarles como se cruzaron por primera vez sus nombres.

Fue en el verano de 1910, poco después de la muerte del ingeniero Jerónimo Ibrán, quien había sido una figura decisiva en la industrialización de la Montaña Central. Entonces sus antiguos alumnos de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid y de la Escuela de Capataces Facultativos de Mieres decidieron encargar sendos bustos con su imagen para que su recuerdo fuese eterno en las dos instituciones. Con este fin se crearon comisiones en ambas poblaciones. La asturiana estaba presidida por Manuel Álvarez y la madrileña por Pedro Palacios, ejerciendo de vicepresidente Luis Adaro, que era entonces director del Instituto Geológico de España, los vocales fueron los ingenieros José Ureña, Luis Gamir y Agustín Marín y el tesorero Adriano Contreras, director de la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería.

En la colecta para costear los monumentos colaboraron tanto personajes conocidos como trabajadores anónimos de las minas de carbón de Langreo, Mieres, Quirós y Campomanes y de hierro de Oviedo; el ayuntamiento de Mieres aportó doscientas cincuenta pesetas y la Sociedad Duro-Felguera cien y una vez reunido el dinero las comisiones se pusieron en contacto con dos renombrados escultores para elegir a uno como autor del monumento: el asturiano Sebastián Miranda y el sevillano Lorenzo Coullault-Valera.

En principio este último tenía más opciones por su experiencia y el prestigio que le daba el atrevido monumento a José María de Pereda que se acababa de inaugurar en Santander, pero los asturianos residentes en Madrid, encabezados por Luis Adaro, influyeron para que se eligiese a su paisano y fue Sebastián Miranda quien recibió el encargo.

Lorenzo Coullaut Valera había nacido en Marchena en 1876 y era sobrino del escritor Juan Valera, quien le había ayudado en sus estudios. Precisamente con un busto suyo obtuvo una Mención Honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1897. Luego iría repartiendo su obra por toda España e Hispanoamérica hasta su fallecimiento en 1932. El listado de sus esculturas es largo y seguramente ustedes se habrán encontrado con muchas en diferentes capitales, pero seguramente sus monumentos más conocidos son los que hizo en homenaje a Cervantes y Alfonso XII en Madrid y los de Colón, Bécquer y la Inmaculada en Sevilla.

Por su parte Luis Adaro y Magro había nacido en Madrid el 17 de abril de 1849 y fue, como saben, un prestigioso ingeniero con una larga carrera en la que figuraron hitos como la instalación del primer lavadero mecánico de Asturias, en el pozo Mosquitera, el impulso de numerosas empresas de minas y ferrocarriles o su apoyo a la elección del Musel para emplazar el gran puerto de Asturias. También destacó como hábil impulsor de los negocios y las finanzas. Se le nombró primer presidente de la Cámara de Comercio de Gijón y estuvo entre los fundadores de la Caja de Ahorros y la de Socorros para enfermos.

La relación de sus cargos, entre los que como ya hemos visto se incluía el puesto de director del Instituto Geológico, llenaría esta página; pero a todos nos llega el punto final y el suyo fue el 21 de octubre de 1915.

Tras su fallecimiento se repitió con él lo que había sucedido con Jerónimo Ibrán, solo que en este caso don Luis ya no era un miembro de la Comisión sino el objeto del homenaje. La idea partió del director del Colegio de Segunda enseñanza de Langreo, Aurelio Delbrouck, aficionado a escribir versos en asturiano, que firmaba en los álbumes de fiestas y los periódicos regionales como "Lin de Lada", porque era nacido en este pueblo. El colegio de Ingenieros de Minas la hizo suya y, siguiendo la costumbre, se costeó con una suscripción popular, como había sucedido con los dos bustos de Jerónimo Ibrán.

El caso es que para su realización se pensó en el escultor que más éxito estaba obteniendo por sus monumentos al aire libre y ese no era otro que Lorenzo Coullaut Valera, a quien Luis Adaro había dado la espalda como escultor pocos años antes. Ya ven que el mundo es un pañuelo.

El proyecto que presentó el andaluz y que fue aprobado es un conjunto elaborado con materiales de primera calidad -mármol veteado, piedra del Roncal y guirnaldas de bronce-, colocado sobre unas gradas hasta alcanzar los 5 metros de altura. Lo corona el busto de Adaro esculpido en mármol de Carrara sobre una alegoría que representa un símil de entibación por donde asoma una vagoneta de la que recoge el carbón una mujer vestida con el traje regional para llevárselo en un cesto.
Sobre la piedra una inscripción elogiosa: "Varón justificado, ingeniero eminente, geólogo esclarecido impulsó con su dirección y fomentó con su consejo el desarrollo industrial de Asturias". Nada de esto es mentira, pero curiosamente, el pueblo llano pronto empezó a identificarse más con el personaje secundario que con la figura del prócer y el monumento empezó a ser conocido como "La Carbonera", hasta el punto de que ahora hay quien lo quien lo considera como un homenaje a la mujer trabajadora.

La inauguración tuvo lugar el jueves 25 de julio de 1918 en un acto multitudinario y con toda la solemnidad. Fue el evento más destacado de las fiestas patronales de aquel año y en Sama se dieron cita multitud de asturianos procedentes de toda la región y varias delegaciones que fueron recibidas por las autoridades en la estación de ferrocarril.

Allí estaba la corporación encabezada por el alcalde Leopoldo Fernández Nespral (quien también acabaría teniendo su propia escultura en el Parque Dorado), el presidente de la comisión de Festejos, Joaquín Soldevilla y el promotor de la idea, el profesor Aurelio Delbrouck, que a la vez era presidente de la sociedad "La Montera", hubo misa cantada y la banda de Música de Langreo fue acompañada en su desfile por las calles por la de Infantería de Marina del Ferrol que se había hecho venir ex profeso.

A mediodía y en un salón de la misma Casa Consistorial se celebró un banquete servido por la "acreditada fonda" de Julián Fernández en el que también estuvieron presentes los Alcaldes de Gijón, Mieres y Laviana junto a representantes de la Cámara de Comercio y de la enseñanza, entre ellos los capataces Bernardo Aza y Antonio Cifuentes.

Luego, ya a las tres, se descubrió el monumento con una mayor presencia de autoridades: el rector de la Universidad de Oviedo, Aniceto Sela; el presidente del Consejo de Minas, José Madariaga; miembros de la Patronal y más de sesenta ingenieros llegados de toda España. Hubo discursos, lanzamiento de globos, verbena y el estreno de un himno para la ocasión con letra del poeta gijonés Alfredo Alonso y música del director de la Banda langreana Cipriano Pedrosa Solares. El estribillo decía así: Soy de Langreo / mira que soy langreano / mira que he querido honrar / al ilustre Luis Adaro.

Desde aquel día el busto del ingeniero y su inseparable carbonera han visto crecer ante ellos a varias generaciones de vecinos contemplando su alegría y sus fiestas, pero también innumerables mítines, huelgas, manifestaciones y hasta una revolución y una guerra. Como el tiempo no perdona, el monumento también ha sufrido varias restauraciones, pero ahí sigue, mientras los niños se preguntan ahora para qué sirve lo que recoge esa señora en su cesto.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España

Anécdotas de la cárcel de Laviana

En la cárcel de Laviana, 
 todos estamos con pena. 
 Mio madre llora por mí, 
 yo lloro por mió morena. 
Salí al patio de la cárcel, 
 miré al cielo y dí un xemíu?
Seguramente los mayores han oído cantar muchas veces estos versos anónimos, mientras que a sus hijos les resultarán más familiares las referencias a este lugar de penitencia y redención laica que aparecen en conocidas composiciones del grupo Nuberu, como «Per cuatro palos que di» o «El Chamiceru». Y es que los calabozos de Laviana han inspirado con diferente fortuna a los poetas del Nalón y también a ciudadanos anónimos que durante décadas fueron alimentando su leyenda de chigre en chigre, haciendo que su fama llegase hasta los últimos rincones de Asturias.
Aunque, si nos atenemos a los hechos, podemos comprobar como, una vez más, la realidad histórica vence a la fantasía y aquí no hacen falta exageraciones para justificar que esta prisión tenga su propio capítulo en la historia de la Montaña Central.
La cárcel de la Plaza de la Pontona nació dentro del proceso iniciado en España a mediados del siglo XIX, cuando se abordó con seriedad la necesidad de construir edificios dignos para sustituir a los penosos calabozos que se multiplicaban por todo el país, albergando a la numerosa población penitenciaria de aquel tiempo. La idea, que se puso en práctica en nuestra región entre 1846 y 1862, pasaba por dotar a cada Villa Mayor de juzgado y cárcel propios, y Laviana fue una de esas localidades, con el objetivo de que su área de influencia abarcase a los concejos más próximos.
Relatar todas las anécdotas y vivencias que ocurrieron en sus celdas sería el argumento para un buen libro, porque a través de ellas se puede seguir el hilo de lo que iba aconteciendo de puertas afuera; pero es una labor ardua, igual que intentar contar algo sobre cada persona que dejó allí un poco o un mucho de su libertad. Pueden suponer que intentar resumirlo en esta página es absurdo, por eso me voy a limitar a referirles unos casos curiosos sin otro ánimo que el de entretenerles unos minutos.
Un ejemplo del carácter peculiar de este sitio, lo escribió el magnífico cronista Albino Suárez, contando que en la década de 1920, una interna llamada Concha de la Cabaña, cantaba tras las rejas de las ventanas de tal manera que llamó la atención de los vecinos, llegando oídos del alcalde, que entonces era Arturo León Zapico, el cual, escuchando la voz sonora y armónica de la prisionera, ordenó que fuera puesta en libertad, y con ella, los demás, que como ella habían sido detenidos, que eran un grupo de jóvenes apresados por tirar piedras a la Guardia Civil desde algún canto del pueblo de Ordaliego, en el valle de Tiraña.
Y es que allí fueron dando con sus huesos ciudadanos anónimos que se limitaron a dormir la borrachera de una mala noche, otros con peor suerte que habían manchado sus manos de sangre en rencillas inesperadas o momentos de desesperación y también delincuentes habituales como los integrantes de «La partida de La Cebosa», que aterrorizaron a los pueblos altos de los concejos mineros, hasta su detención en 1883; Rufino Díaz «El Cucao», un ladrón de poca monta que acabó haciéndose famoso por sus fugas en 1897 o Benjamín González «El Bárgana», quien prefirió suicidarse antes que ser detenido por la Guardia Civil en noviembre de 1927 tras asesinar al cajero de las minas de Buferrera cuando transitaba en moto por la carretera de Covadonga, en un suceso que conmovió a la sociedad de su época.
Todos ellos ya han ido apareciendo por estas Historias Heterodoxas en otras ocasiones, pero además, la cárcel de Laviana también sirvió de reclusión para hombres y mujeres que fueron detenidos en los vaivenes políticos del siglo XX. Militantes obreros como el cenetista Aquilino Moral, por ejemplo, quien estuvo encerrado en ella durante seis meses tras la huelga de 1917, hasta que al ser sobreseída su causa recobró la libertad. O, por citar solo a un par de nombres entre centenares, a fugaos como Andrés «El Gitano», el penúltimo guerrillero asturiano, muerto en 1952, quien fue detenido cuando aún no pensaba que iba a acabar huyendo al monte, por celebrar públicamente con un amigo la victoria aliada en la II Guerra mundial; o el recientemente fallecido Manuel Alonso González «Manolín el de Llorío», que hasta sus últimos días mantenía vivos en su memoria los detalles de aquellas celdas.
Aunque sus muros tienen el dudoso privilegio de haber albergado también a otros presos de diferente condición política. Durante la revolución de 1934, fueron encerradas allí más de cuarenta personas, entre guardias civiles, derechistas, ingenieros como Ramón Rodríguez y Ricardo Rúa y los sacerdotes Aurelio Sánchez, párroco de Santa Bárbara y Saturnino Menéndez, párroco de San Andrés de Linares, quienes tras ser liberados manifestaron no haber tenido quejas sobre el trato de sus guardianes, al contrario de lo que ocurrió con José Castaño, el cura de Piñeres, capturado en Tolivia, adonde había podido llegar tras el incendio de su iglesia, reconocido a pesar de disimular su condición vestido con un traje de seglar y que estuvo a punto de perder la vida en el trayecto hasta Laviana cuando los más exaltados insistieron en fusilarlo.
La historia de esta cárcel tiene también, como es lógico, sus propias fugas; algunas se hicieron sin sangre, pero otras fueron más violentas: en la que se produjo en septiembre 1924, los internos huidos llegaron a herir al Jefe de la prisión. Y para que no falte de nada, contó incluso con su propio asalto al puro estilo de La Bastilla francesa. Ocurrió unos meses antes de los sucesos del Octubre Rojo, el 19 de febrero de 1934, momento en el que un numeroso grupo de obreros echó abajo sus puertas para liberar a los presos sociales, ante la pasividad de las fuerzas del orden, que asustadas por el número de los revoltosos, decidieron no enfrentarse a ellos. Por cierto, que las crónicas aclaran, que a pesar del éxito del ataque, algunos detenidos no vieron claro su futuro y prefirieron permanecer en sus celdas.
Una casualidad en forma de curiosa polémica, que se produjo en 1911, entre quienes denunciaban las deficiencias de la prisión, representados por alguien que firmaba la protesta con su apellido, Zapico, y los vigilantes, que las negaban, nos permite conocer como eran las cosas en su interior, aunque cada cual puede formarse su propia opinión sobre la realidad de lo que allí se vivía.
El que protestaba, lo hacía diciendo que los internos pasaban frío porque se les negaban las mantas, que los vigilantes se quedaban con las celdas más saneadas, mientras en las de los presos abundaban las humedades y además era frecuente hacinar a varios reos en un espacio reducido, y además se sentían estafados porque sus guardianes no dudaban en pasar el tiempo iniciando juegos de azar con ellos y tenían serias sospechas de que siempre ganaban porque hacían trampas.
La replica la dio en el diario «El Noroeste» el vigilante Pelegrín González, rebatiendo todas las acusaciones. Con respecto a las mantas, manifestó que mientras el reglamento disponía que cada recluso dispusiese de una, en Laviana se les entregaban dos, seminuevas pero fuertes, e incluso si algún enfermo necesitaba más abrigo, no se dudaba en proporcionárselo.
En cuanto a las celdas, tampoco era justa la demanda, porque la cárcel estaba bien situada y ventilada, y en ella todos los lugares eran igualmente buenos y no existían diferencias entre personas; afirmando de paso que los carceleros solo se reservaban una celda, y eso no siempre, y que si había más de un preso por habitación era porque algunos pedían un compañero para no estar aburridos, e ironizaba el vigilante de esta forma: «Ahora bien, creo que a un conjunto de dos no llame el señor Zapico aglomeración».
En último lugar, lo que más indignación causaba en el ánimo del carcelero, era lo del juego, ya que la ley lo prohibía expresamente para los funcionarios de prisiones y él aseguraba que ni en Laviana ni en otros lugares en los que ya había trabajado se daba esa circunstancia, salvo con los que estaban autorizados, y que la labor que cumplían con escrúpulo los vigilantes era la de ayudar en cuanto podían a los presos.
El final de la cárcel de Laviana fue el mejor que puede suponerse para un establecimiento penitenciario, después de haber caído en desuso, su estructura sirvió para levantar la Casa de la Cultura de la villa, haciendo realidad aquel viejo sueño republicano de cambiar los grilletes por libros

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España

domingo, 27 de marzo de 2016

Quiosco de la música de El Entrego (San Martín del Rey Aurelio)

El quiosko de la música se encuentra en el Parque de la Laguna y es de estilo art deco. Su construcción fue hacia 1920.  Es una ligera estructura sobre seis columnas cilindricas, de hormigón, con sencillo capitel moldurado,asentadas sobre un zócaloo basamento de piedra.La planta de éste es polilobulada, abriendo ojos de buey a media altura, y una puerta para acceder al interior. Un sencillo antepecho de hierro protege la escalera y cierra el borde del basamento. La cubierta dibuja un perimetro lobulado, simulando los pétalos de una flor, entre los que destacan los remates agudos, de una cúpula ondulada, con cierto aire de pabellón oriental. En el interior se aprecia una cúpula rebajada, y en el centro se abre el cupulin, que es cilindrico. El quiosco centra una plataforma poligonal, rodeada de un banco de piedra con pilarcillos en los ángulos.

Iglesia de San Román (Casomera, Aller)

Iglesia perteneciente al renacimiento-barroco del siglo s.XVI - XVII- XVIII con una nave, dos capillas laterales y sacristia. Tiene cabecera cuadrada, pórtico lateral y a los pies, y espadaña. Los volúmenes Internos se acusan muy netos al exterior. El pórtico es cerrado hacia el frente y abierto al Sur, con murete bajo y columnillas de piedra ochavadas, de base más ancha, tosca, y capitel tronco piramidal sencillo. Cubierta de madera vista. La puerta principal, a los pies, está en parte oculta por una pared transversal que cierra el pórtico. Es adintelada, con jambas de sillería que a media altura se interrumpen ,por una imposta saliente, moldurada y decorada con medias bolas en la parte Inferior. Una moldura fina, en forma de cordón, enmarca la puerta a partir de la altura de la imposta, a manera de alfiz. Tiene otra entrada por el muro del evangelio, en arco de medio punto , desplazado,parcialmente cubierto de carga y pintura. 
La Iglesia está enfoscada y pintada de blanco, con marcos de piedra vista, y se cubre a dos aguas en la nave a una en el pórtico y a cuatro en la cabecera. La espadaña es de sillar, con dos arquillos, y remata en frontón triangular decorado con tres bolas.
 Interior: La nave tiene coro de madera a los pies, sencillo, con escalera también de madera. Dos puertas, y tres ventanas rectangulares, abocinadas, por lado. Se cubre con armadura de madera de parhilera con tirantes y jabalcones.  La imagen de San Roque procede de una capilla cercana, hoy en ruinas. 
La capilla izquierda está consagrada a San Antonio, y la derecha es el baptisterio. Ambas comunican con la nave por arcos amplios de medio punto, con imposta saliente y moldurada. Se cubren con bóveda de arista, que arranca de ménsulas de piedra, con gayones y estelas y una linea de sogueado. El arco de triunfo es de medio punto, con impostas molduradas. La cabecera, de testero plano, se cubre con bóveda de cruceria de dos claves. Los nervios descansan en ménsulas con estelas y sogueado, muy desgastadas y algunas rotas. Abre una ventana rectangular a cada lado, aboconadas, y a la izquierda la puerta de la sacristia. Todo el Interior está pintado de blanco, y en gris el intradós de los arcos, los nervios y las ménsulas. Al parecer, el pórtico comunicaba con el cementerio 
Tras el incendio en la guerra civil, fue reconstruida por los vecinos en los años 40.La reconstrucción termina hacia 1970,y hacia 1994-95 se cambia la cubierta. Se elevó un poco; al interior se colocó virutex, manteniendo la estructura de madera. El :1 suelo es de terrazo, y de cemento en el pórtico. Son nuevas la rejerla y las puertas.

viernes, 25 de marzo de 2016

Casa de Xuan de Xata (Casomera, Aller)

Casona de gran valor histórico del siglo XVI de estilo renacentista,situada en un barrio con construcciones antiguas reseñadas en otras fincas, próxima a la llamada calle del medio; lo angosto de la callejuela impide una vista holgada de este inmueble entre medianeras, que descolla por la ordenación de su fachada, propia del período renacentista. Se trata de un bloque paralepipedo, de piso terreno y noble, erigido con canto de río y mampostería de piedra, apenas enfoscada; los sillares bien escuadrados sólo recercan los vanos, y el ángulo derecho del frente. La fachada, que se corresponde con un lado largo, se organiza entorno a una puerta en arco de medio punto de gran dovelaje con despiece radial, e incisión molduradora en la arista. A su derecha, se practica un ventanuco cuadrado con un gran sillar reforzando el antepecho, y a la izquierda se halla una puerta adintelada estrecha y semi-hundida. En el piso alto se abre dos ventanas cuadradas con idénticos sillares en el antepecho, que conservan los postigos; en el extremo superior derecho se horada una hornacina, con el dintel moldurado y decorado con una cruz inscrita. Cubre a dos amplias vertientes, y existe un alero simple de madera.  En el dintel de la puerta figura pintado el N°:"27"
A la izquierda de la fachada se ha abierto una puerta estrecha, con el marco revestido de mortero de cemento; otra puerta pequeña junto a ésta, con el marco de sillar, parece obra más reciente que el resto de la casa. En la parte trasera, la casa forma un acodamiento, y se le ha añadido una vivienda nueva, hallándose muy modificada.

Esta casona se relaciona con el tal vez legendario origen de la localidad; habiendo destruido una avalancha el pueblo antiguo, seis hombres construyeron esta casa, llamada casa Hornera por habitarla únicamente varones, y labraron un escudo hoy desaparecido de la hornacina. Durante mucho tiempo fue ocupada por Xuan de Xata,y en la década de 1970 era propiedad de D. Manuel Baizán Pelaéz.

Palacio de los Ordóñez de Caborana (Aller)

La casa de los Ordóñez parece corresponderse con una construcción de los S.XVII.S.XVIII, tal vez ubicada sobre una primitiva construcción; su planta es rectangular y cuenta con dos pisos, aunque alcanza otro al abrirse el bajocubierta mediante buhardillas. Se enclava en una finca de la zona antigua de la localidad, cerrada por muro de piedra, Incluyendo huerta, hórreo y otras construcciones. Se encuentra en la calle La Torre nº  y es de estilo tradicional. 
Su fábrica es de mamposteria enlucida, con sillar en el recercado de vanos y linea de suelo del piso noble, y se cubre con teja árabe mostrando un alero de tablilla en casi todo el perímetro. La fachada principal se sitúa en un lado corto; en el piso inferior se abre una puerta arquitrabada flanqueada por sendos vanos cerrados con reja. 
En el piso noble se disponen tres balcones enrasados, con antepecho de forja, configurando una estructuración regular. A esta característica racional se suman los escudos situados entre los huecos, elementos únicos que denotan su carácter noble e interés estético. En la buhardilla se abren dos balcones con barrotera planta tallada. La fachada lateral hacia la calle cuenta con ventanas enrejadas en el bajo y balcones en el primer piso, situándose en ,el bajocubierta un mirador de madera y cristal. El costado opuesto muestra el habitual corredor popular sobre el que se sitúa un mirador.  Tuvo algunas intervenciones: se han abierto buhardillas en el bajocubierta, repuesto la carpinteria y alterado su espacio interior

El linaje de los Ordoñez proviene de El Pino, en el alto Aller,pero una de sus ramas se estableció aqui, y con ella se emparentan los Garciade Tuñón de Viade,pues el mayorazgo se funde en parte con su herencia.

Chalet montañés de Cabañaquinta (Aller)

Céntrico chalet unifamiliar, de planta rectangular que consta de sótano, dos pisos y altillo bajocubierta, erigido con cuidados materiales en estilo regionalista o montañés. Es del siglo XX (2º tercio) y se encuentra en la calle Marqués de San Feliz nº 2.   
El aparejo empleado se carga y pinta de blanco, contrastando con sillares de tono dorado que permanecen vistos en zócalo, ángulos, imposta y cornisa, alféizares y dinteles de huecos, con un acabado rugoso.
 Es notable el trabajo de carpinteria de los aleros, con su doble hilada de mensulillas talladas, y de la galería hacia la avenida principal. La distribución de huecos es regular aunque asimétrica: en la fachada posterior, puerta en arco flanqueada por dos ventanas rasgadas, y un balcón enrasado, y sobre la imposta, tres vanos cuadrados con el alféizar moldurado. 
Hacia el jardincillo formado en la confluencia de las dos calles se abre una ventana con orejas, concesión al historicismo barroco, que rompe la línea de imposta, y otros dos huecos. 
La fachada principal tiene un cuerpo destacado en planta, que en el piso inferior cuenta con un vano rasgado resguardado por tejadillo con alero de madera y teja curva; en el piso alto, entre antas de sillar, aparece la galería de madera y cristal, con antepecho de rejeria, pies derechos con zapatas talladas y ventanas de palilleria. En el cuarto flanco hallamos otro balcón, con pie derecho de madera y barrotera torneada. Cubre a cuatro amplias aguadas de notable pendiente. La cubierta parece renovada parcialmente, y se han abierto ventanucos de P.V.C.; asoman chimeneas, una buhardilla y una antena de televisión. Se adosa a la fachada un contador de luz y cables, y recogen las aguas canalones y bajantes.

Este chalet perteneció a Don Bernardo, médico, y a sus herederos.

Casa consistorial o ayuntamiento de Aller

Casa Consistorial, situada al borde de la carretera general, de la que la separa un pequeño jardín con cierre de piedra y rejera. El autor es Nicolás García Rivero. 
Es un edificio de planta rectangular y tres pisos, con un semisótano hacia la parte trasera que nivela el terreno y actúa como zócalo. La fachada principal, que mira al Este, está recorrido por pilastras almohadilladas, poco resaltadas, en las esquinas y delimitando a la calle principal. Abre un soportal de cinco arcos de medio punto, destacando los tres centrales, moldurados, con clave decorada y sobre impostas y pilares. 
En el primer piso, se disponen cinco balcones con antepecho de hierro; los dos laterales son enrasados, con frontón triangular sobre ménsula s, y los tres centrales se abren a un largo balcón corrido con repisa de piedra; se rematan en frontón curvo. El último piso es el bajocubierta, con cuatro balconcillos pareados. 
En el centro, sobre el escudo concejil, se deja un espacio entre pilastras estriadas para la Inscripción. Cornisa de piedra, sobre una hilera de mensulillas; ático destacado en forma de templete, con volutas a los lados, pilastrillas y frontón, que alberga el reloj, rodeado de decoración en relieve, de tema vegetal. Sobre este cuerpo se dispone una ligera estructura metálica, cubierta con cúpula de escamas, de cuatro patios, con la campana. 
En las fachadas laterales se distribuyen regularmente los vanos, cuatro en cada piso, y se destacan los de las esquinas delanteras, coronadas por frontón triangular. Interior: El espacio interno se distribuye en función del gran hueco central que alberga la escalera, que es sencilla en el primer tramo y de doble tiro en el segundo, con barandales de hierro. La caja está recorrida por pilastras estriadas, con capitel dorado; al fondo un gran ventanal se cierra con vidriera, y sobre ésta se abre un óculo. El techo, en forma de artesa, se decora con casetones y escudo central, y ramilletes de flores, pintados en los bordes. 
Al exterior el edificio está revocado y pintado en tono rojizo, con zócalo de piedra vista, y recercos en gris. Se cubre a cuatro aguas. En la inscripción de la fachada se puede leer "Ayuntamiento de Ayer".  El edificio ha sido totalmente restaurado, exterior e Interiormente. Lacubierta se repuso en 1996.En la parte trasera se ha adosado un cuerpo que comunica directamente con un edificio nuevo, de volumen prismático, que amplia las dependencias del consistorio.

Iglesia de Santiago (Vegadeo)

Iglesia de planta rectangular y cabecera plana, formada por dos naves, presbiterio, capilla, sacristia adosada al muro Norte del presbiterio y pórtico diáfano a los pies. Construida con mamposteria de cuarcita y pizarra revocada y pintada, se utiliza el sillar en las cadenas esquineras, en el recerco de vanos, en la composición y apoyo de los arcos exteriores e interiores y en la composición de la espadaña, de tres huecos y rematada con pináculos y bolas.
 Las cubiertas tres aguas en el presbiterio, capilla y pórtico, a dos en las naves y a una en la sacristia, se resuelve con teja de hormigón. Se accede al interior a través de dos puertas abiertas en el imafronte y de una situada en la pared Sur; las dos naves se separan mediante tres arcos formeros apoyados en pilares y estribos impostados; desde la nave principal, situada al Norte, con tribuna a los pies, se pasa al presbiterio bajo arco de triunfo de medio punto apoyado en impostas y pilastras; desde éste ambito se accede a la sacristia por puerta adintelada y a la capilla lateral, cubierta con bóveda,a través de arco de medio punto apoyado en estribos impostados; bajo otro arco de similares características se pasa a la nave secundaria, con baptisterio a los pies, cubierta y pavimentada como la nave principal con armadura de madera vista y lajas de pizarra. 
La iluminación,equilibrada en las naves, se concentra en el presbiterio y en la capilla. El cementerio adosado a la iglesia es de época reciente. Con su construcción se destruye parte de la sacristía y del antiguo pórtico. En las mismas fechas se realizan las obras y arreglos más importantes.

Palacio de Miranda Milans del Bosch (Vegadeo)

Conjunto palacial desarrollado a partir de un núcleo embrionario-torre-al que se añadió, en un primer momento, la crujía adosada al Este y posteriormente el cuerpo Sur y el volúmen cerrado con galería acristalada.
La fachada principal situada al Norte, abierta a un amplio patio, recibe un tratamiento cuidadoso y ordenado enfatizado tanto por los blasones de linaje como por los recursos ornamentales en ella plasmados: anternas, grutescos, dentículos, etc.; la calle central está definida por la puerta enmarcada con molduras de orejas, por el balcón central y por el frontón curvo, apoyado en cornisa quebrada sobre ménsulas, en cuyo tímpano se encaja un blasón coronado con venera y flanqueado por pilastras cajeadas y volutas.
El espesor de muros de la torre evidencia su antigüedad enmascarada, en la actualidad, por el tratamiento unitario dado a sus fachadas, por el recrecido y por el almenado que parece de factura reciente. Aunque el cuerpo Sur parece pertenecer a una secuencia constructiva posterior a la crujía Este, sus organizaciones internas responden a un plan unitario: en la planta superior del volumen principal se ubican el salón, los cuartos de estar y las alcobas, mientras que en el trasero se localizan la cocina y las dependencias del servicio; ambos cuerpos están articulados por un largo pasillo que recorre el edificio de Este a Oeste, al que se abren las distintas estancias
El acceso principal Norte da paso a un gran hall, con sendas estancias a ambos lados y a una escalinata que desembarca en otro pequeño vestíbulo ubicado sobre el pasillo que hace las veces de distribuidor general. Al cuerpo trasero se accede directamente por puerta situada en la fachada Este. La capilla de planta rectangular y cabecera plana, formada por una pequeña nave-presbiterio, se comunica con el cuerpo palacial Sur desde la tribuna, pudiendo accederse desde el exterior por la puerta adintelada abierta en su pared Este.
Todo el conjunto está construido con mampostería de cuarcita y pizarra revocada utilizándose el sillar en partes comprometidas arquitectonícamente, en el contorno de vanos y en las piezas soporte de los recursos ornamentales. Las cubiertas, a tres y cuatro aguas se resuelven con losas de pizarra de corte rústico, clavadas al enlatado de las armaduras. En el interior de la finca, cerrada con muro de mamposteria, se localizan otras construcciones propias en una gran explotación agropecuaria recaudadora derentas.

Iglesia de Santa Maria de Fresnedo (Cabranes)

Iglesia de planta rectangular y cabecera plana mas alta que el cuerpo de la nave, acusándose al exterior. Pórtico cerrado al norte y al oeste, y abierto al sur, con columnas de fuste octogonal apoyadas en zapatas de madera talladas.
Portada occidental con arco de medio punto formando la puerta de ingreso y espadaña de triple vano, rematada con frontón triangular y adornos a base de bolas y pirámides. Por el lado este se adosa una construcción moderna, destinada a casa rectoral. Interior de una nave rectangular dividida en tres tramos separados por arcos perpiaños; los dos primeros tramos cubren con bóveda de crucería, y el que precede al presbiterio tiene cúpula sobre pechinas. Pinturas en esta bóveda con escenas de los doce apóstoles y la Inmaculada. Capilla mayor de reducidas dimensiones con bóveda de crucería. El baptisterio se abre en el muro norte.
Muros de mampostería enlucida y sillar en esquinas y enmarques de vanos. Afirma Emiliano Pérez Junco que el templo fue en un principio una capilla consagrada a la Virgen Maria, y que en el s. XVI,se amplió y se construyó la iglesia actual, constituyéndose en parroquia de Santa Maria la Real de FresnedoEn 1907,por iniciativa del párroco D.Ricardo Alonso, se abrió una suscripción para reparar el pórtico, el campanario, el pavimento y el cielo raso.

Capilla de San Lorenzo de Camás (Cabranes)

El coto de Camás era un municipio independiente el año de 1744,y fue agregado a Cabranes en el de 1827.Afirma Lope José Bernardo de Quirós, que este coto pertenecia al monasterio de Valdedios," cuyo abad nombra un juez para su gobierno, y envia cada año un monje el día de San Lorenzo, para hacer reconocimiento del Coto y celebrar una misa en la capilla que hay en él dedicada a aquél santo".

La iglesia, de reducidas dimensiones tiene planta rectangular y cabecera cuadrada más baja que el cuerpo de la nave. Pórtico cubierto a tres aguas, con zócalo de fábrica y sencillos pies derechos de madera.
Unico acceso por la fachada occidental, a través de arco de medio punto algo apuntado con guardapolvo sobre imposta con picos (origen románico). Se ha colocado recientemente en el pórtico una lápida de 1692 con el escudo de Valdedios. La portada se remata con una pequeña espadaña de perfil curvo y un solo vano.
La lápida se ilumina a través de saeteras, una en cada lado de la nave y otra tercera en el muro sur de la cabecera. Al interior, la nave cubre con armadura de madera y la cabecera con bóveda de cañón. De especial interés el arco de triunfo de medio punto, que separa la nave del presbiterio, con doble rosca, sobre columnas con doble basa y capiteles troncopiramidales con collarino y decoración de flor de lis y hojas. Línea de imposta recorriendo la capilla mayor. Muros de mampostería enlucída, reservándose el sillar en esquinas y enmarque de vanos. Contrafuertes de apoyo en el muro Sur. 

Casa de Víctor Martínez (Boal)

Casa de planta cuadrada,adaptada a la pendiente del terreno,estructurada en un cuerpo principal y un volumen prismático que resalta a modo de torreen la fachada posterior (al este) dando realce y movimiento al conjunto.

El tratamiento de las fachadas es diferenciado, introduciendo el autor elementos de ruptura de simetrias en todas las plantas. La fachada principal, orientada al oeste, se estructura en dos plantas y bajo cubierta, con porche cubierto a tres aguas sobre columnas de piedra, flanqueado por dos amplias ventanas; en el piso superior se abren tres vanos con recercados decorativos.

La fachadaeste,opuesta a la principal,presenta el volúmen-torre ya citado, flanqueando un espacio central est ructurado en tres plantas con zaguán en la inferior y galerías enrasadas en las superiores;el resto de la fachada,se organiza mediante una ventan aen la planta baja, galeria enrasada en el primer piso y ventana en la planta superior. El cuerpo prismático es de tres lados, con ventanas en cada uno de ellos y en las tres plantas. Al norte se resalta un cuerpo pentagonal cerrado sobre el que se abre una terraza en la planta superior. La fachada sur presenta seis ventanas cuya disposición simétrica se ve parcialmente fragmentada en el primer piso por la apertura de un ventanal de mayores
dimensiones cubierto por un tejadillo a tres aguas.
La cubierta del cuerpo principal es a cuatro aguas, rematando la fachada en un alero muy desarrollado apoyado sobre modillones de madera, con buhardillones en las vertientes norte y sur y buhardillasorientadas a este y oeste; el volúmena modode torre se cubre individualmentea tres aguas

Palacio de Armal (Boal)

El núcleo de Armal fué capital de Boal entre los años 1580 y 1791.Tenían sus palacios los señores de Quindós, Navia, y Armal.

Edificio de planta rectangular, con cubierta de pizarra a cuatro aguas, organizado en tres plantas separadas por líneas de impostas que rematan en alero de amplio vuelo formado por molduras de traza rectilínea. Los muros son de mampostería revocada, rematados por sillares de buena factura en las esquinas. Organización simétrica de vanos adintelados y recercados de piedra. Junto con sus edificios auxilíares forma un conjunto cerrado en corralada que le dan un marcado carácter rural.

Iglesia parroquial de Santiago (Degaña)

La iglesia de Santiago de Degaña aparece ya citada en el testamento de Fruela II del año 912, retocado por el obispo Pelayo en el siglo XII. Se sitúa a la entrada del núcleo, algo desplazada del caserío, en dirección Sisterna-Degaña. Se accede a ella a través de una escalera que la comunica con el aparcamiento construido a sus pies en el margen de la AS-15. 
Originalmente, el camino real transcurría en la falda del monte y llegaba hasta la misma entrada de la iglesia, de forma paralela a la actual carretera. Su trazado todavía puede seguirse contorneando al norte. los cementerios antiguo y nuevo. La iglesia fue destruida durante la Guerra Civil y reconstruida tras el conflicto. Estos avatares han deformado considerablemente su apariencia. Es posible que en origen respondiera al modelo del Barroco rural omnipresente en Ibias y Degaña, siendo el
modelo más cercano el de la iglesia de Tablado, esto es, planta rectangular con nave
única y testero recto de mayor altura a la que pueden sumársele capillas laterales o sacristías. En la actualidad, es precisamente la nave la que presenta los elementos que parecen menos alterados. Edificada en mampostería de cuarcita y pizarra y cubierta a dos aguas con lajas de pizarra e imafronte
con portada de medio punto que aparece rematado por una voluminosa espadaña de doble campanario en medio punto. Al sur se abre una segunda puerta en arco de medio punto, aunque este paño ya presenta el añadido de cuatro contrafuertes extraños a la edilicia moderna del área y un cabildo porticado que parece obra nueva. En lo que respecta al  paño norte, éste fue reforzado con una zapata de cemento industrial y cinco contrafuertes de mampostería que recorren todo el muro. Más deformado se encuentra el testero, que presenta la misma altura que la nave y comparte la cubrición a dos aguas, elemento también opuesto a las trazas y cubiertas a cuatro aguas de los ábsides barrocos. Además, se han añadido en los flancos norte y sur sendas capillas laterales de igual altura, lo que dota a la planta resultante de aspecto de cruz latina con transepto. El esquinal original del testero todavía se aprecia en el ángulo noreste, con la capilla claramente adosada. Estaba formado por bloques de cuarcita pseudoisódomos. En última instancia, a la capilla sur se le añadió otra construcción más pequeña que hace las veces de sacristía.
Toda la fábrica está rejunteada con diferentes tonagas de cemento lo que hace aún más difícil distinguir los cuerpos de fábrica. El interior está aún más transformado y totalmente encalado. 

Iglesia de San Luis de Tablado (Degaña)

La aldea de Tablado se sitúa a 860 m de altitud en la sierra homónima y sus tierras son regadas por el río de la Collada. Al igual que en el resto del concejo, las últimas décadas han supuesto la absoluta transformación del caserío, de forma que sólo en algunos casos puede intuirse bajo las remozadas fachadas las trazas o la silueta de la construcción tradicional. La iglesia se sitúa en la parte baja del pueblo y se llega a ella a través de un camino que parte de la AS-212 y remonta la pendiente del pueblo. El templo fue construido en un rellano que cuenta con un aterrazamiento artificial hacia el
oeste sostenida mediante un muro de contención. Su emplazamiento se explica por la inmediación, al norte, del paso del antiguo camino real, hoy conocido como "camino romano" o "senda moura". En su concepción, la iglesia no muestra excesivos cambios con respecto al panorama de la arquitectura religiosa de época moderna en el concejo de Ibias.
Cuenta con planta rectangular de nave única rematada en un pesado testero de mayor altura con aspecto turriforme. La nave cubre a dos aguas y el testero a cuatro, empleándose lajas de pizarra. En cambio, la fábrica de los muros tiene una sensible diferencia con respecto a las iglesias de Ibias. En este caso, el uso de grandes cantos de cuarcita extraída de las terrazas fluviales es mayoritario. Para los esquinales se emplean los mismos bloques cuarcíticos regularizados para conferirle el aspecto de sillarejo. Por el contrario, la fábrica de mampostería de pizarra mejor careada y concertada se reserva al imafronte, según una solución que puede verse en la iglesia de Sisterna. El imafronte está organizado en dos cuerpos. En el inferior se sitúa la portada de acceso, de medio punto, con el arco despiezado en cuatro dovelas y una clave, siendo más ancho que las jambas. En el cuerpo superior se encuentra un vano abocinado y la espadaña de doble campanario. 
 Las aperturas se completan con una segunda puerta en el costado sur mediante arco formado por ringleras y acompañado por dos vanos superiores de arco recortado. Por último, en el testero se sitúa otro vano con cargadeiro de madera. La pesadez del testero llevó a colocar gruesos y bajos contrafuertes de mampostería en las esquinas y en la unión con la nave dentro del paño norte. La iglesia ha vivido varias incorporaciones. En el costado sur se sitúa un pequeño cabildo porticado y la sacristía, que pisa parte del contrafuerte situado en el ángulo sureste del testero.
En el costado norte, muy particularmente en la únión entre la nave y el testero, se observa un claro resalte en la base del muro que tiende a disminuir en altura hacia el oeste y que pudo formar parte de
una banqueta de cimentación o ser la huella de una refacción del paño. 

La iglesia ha sido restaurada mediante un rejunteo de la piedra con cemento, el recercado de los campanarios con cal y la colocación de una escalera de metal que permite subir a la espadaña desde el exterior del costado norte. En su interior se custodiaba el llamado "Cristo del Tablado", talla de marfil del siglo XVI que ha sido trasladada al Archivo Diocesano de Oviedo.


Fotos de "a mi madre Sofía"

Los martillos neumáticos de un picador minero

Martillo neumático de acero (izquierda) y de aluminio (derecha) 
Aunque ahora han quedado casi en el olvido, las minas de carbón de interior han la inmensa mayoría de las explotaciones de mineral a lo largo de la historia. La alta peligrosidad y sobretodo, una menor rentabilidad han hecho que las minas a cielo abierto sean la primera opción a la hora de extraer el carbón.
En las minas de interior, se extraía el carbón de forma manual con la pica de mano, que dio paso al martillo de picador. A pesar de que la mecanización de las explotaciones es imparable, el martillo no ha dejado de usarse ya que hay lugares de dimensiones reducidas o que no pueden mecanizarse por varios motivos.

Casi la totalidad de los martillos de picador que se han usado en las minas de carbón eran neumáticos. Debido a las especiales condiciones de la atmósfera minera, la electricidad y los motores de explosión no se han podido usar hasta hace pocos años, por lo que el sistema de funcionamiento de las herramientas era el aire comprimido.
Los martillos neumáticos tienen un cuerpo metálico, una empuñadura en la que se encuentra el gatillo y la punterola. Al apretar el gatillo, el aire pasa y mueve el mecanismo y cuando apretamos la punterola contra la roca, comienza a funcionar el percutor.
Estos martillos se tienen que poder utilizar con una sola mano, ya que hay zonas en las que tienes que estar agarrado. Por ello, cabría pensar que son herramientas ligeras, pero nada más lejos de la realizad. Los martillos más habituales pesan alrededor de 9 kg, a lo que hay que sumar el peso de la manguera que lleva el aire y que se puede poner en un total de 12 kg. A lo largo de la historia, se han fabricado martillos que pesaban hasta 14 kg, por lo que os podéis hacer una idea de lo que era una jornada de trabajo manejando esas máquinas.
En Barruelo (Palencia) se introdujeron martillos de aluminio que se quedaban en unos 7 kg y aunque la diferencia en peso parezca irrisoria, en el manejo se nota muchísimo. Estos martillos no tuvieron éxito ya que se rompían, haciendo perder tiempo y dinero a los picadores ya que trabajaban a destajo. Esto significa que "tanto pican, tanto ganan" y si tienen que ir a buscar un  martillo nuevo, es tiempo que no están ganando dinero.

Ahora quiero que uses un poco la imaginación. Te encuentras a oscuras, apoyado en un tronco, agarrado a un madero con una mano y en la otra un martillo neumático. Estás completamente a oscuras, hace bastante calor, la mascarilla te está agobiando, el ambiente está cargado de polvo que se te pega por todo el cuerpo y junto con el sudor se forma una capa de barro. El sonido del martillo no te deja escuchar nada más, salvo el estruendo de las rocas de carbón al desprenderse de la pared y caer por la rampla y tienes que lidiar con las decenas de metros de manguera que alimentan el martillo.
No te pienses que así era como se trabajaba antes. Hoy en día sigue siendo así.

Los martillos se utilizar para arrancar el carbón, buscando la zona más blanda o grietas, que se abren y ayudan a extraer más carbón con un menos esfuerzo. Siempre que sea posible, se trabaja de arriba hacia abajo para aprovechar el peso de la herramienta y cansarse menos. 
También se pueden utilizar para franquear hastiales, abrir rozas para estemples... 
Con esta herramienta, un picador medio en una capa buena, puede sacar unas 10 toneladas de carbón al día.

Fuente: Centro de Interpretación de la Minería de Palencia